¿Dolor crónico? La Terapia de Aceptación y Compromiso quizás pueda ayudarte

Según el Instituto Nacional de Salud de EEUU, 25 millones de norteamericanos padecen en la actualidad dolor crónico.

El porcentaje de personas que sufren dolor crónico es significativo.

Un equipo de investigadores del King’s College de Londres han analizado los beneficios que la Terapia de Aceptación y Compromiso produce en el funcionamiento y bienestar de pacientes con dolor crónico. Los resultados han sido publicados en la revista Journal of Pain.

La Terapia de Aceptación y Compromiso, una nueva forma de terapia cognitivo-conductual, está siendo muy efectiva sobre pacientes en los que la terapia cognitivo-conductual clásica no era eficaz.

Lance MacCraken, coautor del estudio, explica cómo la Terapia de Aceptación y Compromiso se centra en construir patrones de comportamiento efectivos, más que en reducir los síntomas.

Muchas personas con dolor crónico permiten que el dolor ocupe el centro de sus vidas, de tal forma que empiezan a ordenar sus actividades diarias en función de la relación que tienen con su dolor: abandonan aquellas que creen que aumenta su dolor (trabajo, deporte, hobbies,…) y fomentan aquellas que creen que lo calma (rehabilitación, médicos y terapias alternativas, …).

El dolor crónico puede llegar a ser muy limitante.

Cuentan con el apoyo, además, de un sistema de salud que les etiqueta como enfermos, los medica y les asigna actividades rehabilitantes que muchas veces rehabilitan bien poco.

Progresivamente, su vida se va vaciando de aquellas cosas que le daban significado y se llena de otras con un único objetivo que a veces se convierte en obsesión: acabar con su dolor.

Estas personas creen que es necesario acabar primero con su dolor para poder continuar con su vida y el problema es muchas veces “esperan sentadas” algo que quizás nunca ocurrirá.

La Terapia de Aceptación y Compromiso sin embargo, orienta a la persona para que recupere su vida conviviendo con el dolor, pero sin que éste controle su vida.

Esta terapia no actúa directamente sobre el dolor, aunque sí sobre el sufrimiento que la mayoría de las veces lo acompaña; la no aceptación del dolor conlleva frustración, irritabilidad, nerviosismo y ansiedad que no hacen otra cosa que aumentar considerablemente los efectos del dolor. La persona está entonces inmersa en un círculo vicioso de dolor e ineptitud que se retroalimenta.

El objetivo es romper el círculo vicioso que se ha creado alrededor del dolor crónico.

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), en su búsqueda de la flexibilidad psicológica, trabaja para que los pensamientos y las emociones no condicionen la vida de estás personas de manera que puedan volver a aspirar a tener una vida con sentido.

En el estudio citado, 412 adultos procedentes de un centro de gestión del dolor de Londres fueron tratados con ACT. Antes del tratamiento, se evaluaron parámetros como el ajuste social y laboral, las interferencias relacionadas con el dolor y síntomas de depresión. Estas medidas se volvieron a tomar tras la finalización del tratamiento y 9 meses después.

Se constató que, tras el tratamiento, y después del seguimiento de 9 meses, existían significativas mejoras en todos los parámetros.

Recuperando tu vida con la Terapia de Aceptación y Compromiso.

 

La Terapia de Aceptación y Compromiso conlleva diferencias sustanciales con respecto a la terapia cognitivo-conductual tradicional. Algunas de ellas son:

-El objetivo de la terapia no es la reducción de los síntomas sino enseñar a la persona a convivir con ellos.

-La razón de este cambio es que permite a la persona continuar con una vida rica y significativa, pero no según los cánones de la sociedad, sino según el criterio individual de la persona que se está tratando (sus propios valores).

El objetivo de la terapia no es cambiar los pensamientos; es cambiar la reacción de la persona hacia ellos. No emplea tiempo ni energía en cambiar pensamientos ni emociones; los emplea en cambiar la conducta.

 

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