La importancia de los sentidos: el olfato

Los cinco sentidos son los medios fundamentales para poder estar en el presente en cada instante. Nos permiten percibir el mundo que existe fuera de nuestra mente; observando, oyendo, tocando, oliendo y saboreando con total atención podemos aprehender cada momento en el momento.

Y es que cada uno de los sentidos es importante y funciona diferente prevaleciendo o no sobre el resto.

Si quieres puedes hacer un pequeño experimento para comprobar la importancia del olfato en la degustación de tus más apreciados manjares:

Compra un paquete de pastillas de goma de calidad suficiente para que puedas notar en cada pastilla de un color un sabor diferente.

Prueba la de fresa, la de limón, la de naranja…y trata de apreciar los matices que diferencian a un sabor/color de otro.

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Ahora viene la segunda parte: haz lo mismo pero con la nariz tapada, y…sinceramente, ¿hay alguna diferencia entre una pastilla y otra? ¿saben todas iguales a pesar de que a la vista son diferentes?

Incluso puedes probar a cerrar los ojos al mismo tiempo que tu nariz y notar si hay algún cambio.

La tercera parte seguramente la llevarás a cabo aunque ya hayas pasado del experimento: vuelve a comer sin tapar tu nariz y notarás como los diferentes sabores han regresado.

Este fenómeno, que también puede probarse tratando de diferenciar el vino de la leche con los ojos cerrados y la nariz tapada, demuestra claramente la importancia del olfato, y cómo el gusto está subordinado a él de una forma muy importante.

Prueba a percibir conscientemente en tu próxima comida el aroma del bocado que vas a echarte a la boca y nota si ser consciente de su olor potencia su sabor, si te ayuda a estar más en el presente mientras comes (mindful eating).

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Notar conscientemente el olor de lo que estamos comiendo, saborearlo, escuchar su sonido mientras masticamos y observar cada bocado: mindful eating.

No obstante, el olfato también puede sacarnos fácilmente del presente y trasladarnos al pasado, ya que es un sentido primitivo.

Identificar alguna bestia cercana por su olor era una capacidad que pudo permitir la supervivencia de nuestros ancestros; esto explica también por qué es el sentido más rápido: mientras las señales detectadas por nuestros ojos y oídos pasan por el tálamo antes de alcanzar las regiones interpretativas de nuestro cerebro, las señales olfativas se sumergen rápidamente en nuestro córtex olfativo para su procesamiento.

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El olfato jugaba un papel esencial para nuestros ancestros.

Por otra parte, las conexiones con la amígdala hacen que el olor dispare las emociones almacenadas en la memoria y nos transporte a otra época donde esa emoción quedó firmemente asociada a ese aroma; mientras que un número de teléfono recién aprendido puede borrarse con otro nuevo, la memoria olfativa parece funcionar de otra forma: hay recuerdos muy antiguos procedentes de nuestra infancia que pueden ser evocados por un olor sin que hayan interferencias posteriores.

En un experimento realizado en la Universidad de Estocolmo, se ofreció a participantes con una media de edad de 75 años, paquetes de 20 pistas memorísticas entre las que había palabras, imágenes y olores; mientras que las palabras e imágenes evocaban recuerdos que principalmente eran de la adolescencia y juventud temprana, los olores rescataban recuerdos de la infancia, sobre todo de edades inferiores a los 10 años.

Para explicar estos resultados los autores se basan en el hecho de que el olfato es el sentido que antes madura.

“El olor es un poderoso hechicero que nos transporta a miles de millas y a través de todos lo años vividos. El olor de las frutas me lleva a mi antigua casa sureña, a mis juegos de infancia en el melocotonero. Otros aromas, instantáneos y etéreos, hacen que mi corazón se dilate jocosamente o que se encoja tras un duelo evocado. Incluso mientras pienso en los olores, mi nariz está llena de fragancias que despiertan dulces recuerdos de veranos ya pasados y de lejanos campos de trigo maduro.”

Hellen Keller

Una ilustración muy gráfica de esta capacidad de las fragancias aparece en esta magistral escena de la película “El Perfume”.

Como curiosidad

Dos especialidades muy relacionadas con los olores son la aromacología y la aromaterapia.

Ambas utilizan los aromas con el objetivo de aumentar el bienestar, pero mientras la aromacología se basa en estudios científicos, la aromaterapia lo hace en las creencias tradicionales.

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La aromacología dice estudiar científicamente el impacto psicológico de las fragancias; supuestamente, algunos de los resultados de sus investigaciones son los siguientes:

-Modificación de las ondas cerebrales: el aroma de jazmín incrementa las ondas beta que se presentan con mayor frecuencia en estados de concentración o de alta emotividad; mientras que el aroma a sándalo y pino aumentan la generación de ondas alfa, que es la frecuencia cerebral dominante en estados de relajación.

-La presión arterial disminuye con el aroma de nerolí y valeriana.

-Reducción de la constricción vaso periféricaasociado al estrés psicológico. El jazmín y la pimienta tienen efectos relajantes.

-Ritmo cardíaco: la desaceleración del ritmo cardíaco se favorece con los aromas dulces, en especial con el de rosas.

-Cambios en la capacidad de respuesta: parece ser que el jazmín reduce el tiempo de reacción ante una decisión mientras que la lavanda lo aumenta.

-Pruebas de aprendizaje: los aromas que resultaban más agradables a los participantes aumentaron la capacidad de memorizar. Eran limón, eucalipto y lirio. También se encontró que la lavanda, la rosa y la naranja aumentan la relajación mental mientras que el jazmín, la manzanilla y el almizcle estimulan la mente.

-Otras pruebas demostraron que el aroma de heliotropo reduce el estrés y la ansiedad.

-Los aromas agradables permiten recordar momentos placenteros, mientras que los desagradables inhiben estos recuerdos. Además, los cambios en las cualidades emocionales inducidos por los aromas han sido aprendidos como resultado del contexto en el cual fueron inicialmente experimentados.

Para terminar

Una vez establecida la importancia del olfato, creo que puede ser interesante comentar que los desórdenes del olfato pueden tener consecuencias sobre la salud.

Los desórdenes se denominan anosmia, cuando se pierde el olfato, hiposmia, cuando esta habilidad se ve reducida, parosmia, cuando todos los olores se perciben como desagradables y fantosmia, que es cuando se tienen alucinaciones olfativas, normalmente desagradables.

Curiosamente, hay estudios científicos que relacionan la capacidad reducida olfativa con la obesidad infantil: las infecciones crónicas de oído pueden provocar esas pérdidas de olfato, lo que a su vez hace que se pierdan muchos matices y que el sabor se reduzca a 4 ó 5 sabores básicos, de modo que quienes lo sufren busquen comidas más saladas y ricas en grasas para estimular su gusto.

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