Las pantallas y la felicidad

El teléfono fijo, la radio, la televisión, los ordenadores y, ahora los móviles son nuevas tecnologías sobre las que, algunos sectores de la sociedad, han tratado de advertir, con diferentes argumentos, a sus usuarios. Lo cierto es que todas son calificados como tecnologías de comunicación cuando también es cierto que todas pueden mermarla, sobre todo en algunas circunstancias.

 

 

¿Cuántas veces te has visto comiendo en la mesa con tu familia e interrrumpiendo ese momento levantándote con urgencia para coger el teléfono? ¿Es que quien llama no puede esperar? ¿Tiene preferencia para interrumpir? ¿O es que siempre son llamadas urgentes?

El teléfono fijo también entraña riesgos…

 

¿Cuántas veces ver la tele reduce la comunicación entre quienes conviven en el salón?

 

Cuesta menos esfuerzo mirar y escuchar que hablar…

 

Sí, quizás exageraron quienes criticaron a la televisión en su momento, porque realmente, no la ve tanta gente…claro, ¿pero no será porque ahora la han eclipsado otras pantallas?

¿Eran exageraciones las que hablaban sobre los efectos perniciosos de la tele porque ahora se dice algo parecido de los móviles o precisamente por eso mismo no lo eran?

¿Acaso no tienen en común estas tecnologías el hecho de que secuestran nuestra atención del momento presente para llevarla a algún sitio en el que pocos recursos cognitivos tenemos que poner en juego?

Sí, ciertamente también aumentan nuestra comunicación con quien está detrás de la pantalla y son fuentes de información; quizás por eso, la clave esté en la moderación.

¿Pero cuánto tiempo supone un uso moderado?

Según un artículo publicado recientemente, 1 hora diaria como máximo.

Este trabajo tomó datos de más de un millón de adolescentes norteamericanos a los que se preguntaba cuánto tiempo pasaban con sus móviles y ordenadores y cuánto dedicaban a estar (presencialmente) con amigos y haciendo deporte. Además, se registraron sus niveles de bienestar habituales.

Se encontró que quienes más tiempo pasaban con las pantallas eran en general más infelices que quienes pasaban más tiempo en la vida real:

Además, hacer deporte y tener interacciones cara a cara correlacionaban con mayores niveles de felicidad que enviar whatsapps, jugar a videojuegos y usar las redes sociales.

 

Lo que también encontraron, es que la abstinencia completa de las pantallas no correlacionaba con más felicidad, ya que, aquellos adolescentes que informaron de mayores niveles de felicidad fueron aquellos que usaban las tecnologías digitales algo menos de una hora al día. Después de esa hora diaria, los niveles de infelicidad crecían proporcionalmente al tiempo empleado con las pantallas.

 

He ahí la moderación.

 

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