MI VOZ IRA CONTIGO



Milton Erickson era un maestro de la persuasión, tal como indican los casos descritos en el libro «Y mi voz irá contigo». 



Él sabía que la conducta era función de múltiples factores entre los cuales la conciencia quizás era el último y menos importante.

 

Actualmente se piensa que la conciencia se dedica a crear explicaciones a posteriori de muchas conductas propias, realmente causadas por automatismos aprendidos o bien por instintos que proceden en última instancia de la información grabada en nuestros genes.
En otras ocasiones la conducta está motivada por sustancias químicas ajenas al organismo tal como podemos comprobar después de la ingestión de determinada medicación o de sustancias tóxicas, tales como el mercurio.
De hecho, la conducta causada por la intoxicación de mercurio es muy similar a la motivada por la fobia social.
La perturbación psíquica conocida como eretismo es el primero de los síntomas a desarrollar, es una forma peculiar de timidez más evidente en la presencia de extraños. El nombre se deriva de la palabra griega ‘rojo’ y se atribuye a la vergüenza de ruborizarse del que  la sufre. John Pearson de Londres (1758 – 1826) dio por primera vez el nombre eretismo al complejo de síntomas (Almkvist, 1929). El afectado se altera fácilmente y se avergüenza, pierde toda la alegría en la vida y vive en constante temor de ser despedido de su puesto de trabajo. Tiene un sentido de la timidez y puede perder el control de sí mismo ante los visitantes.
Estos síntomas fueron observados en los fabricantes de sombreros del siglo XVIII y XIX. Usaban nitrato de mercurio para trabajar las pieles, lo que hacía que se intoxicaran y exhibieran esos síntomas además de otros como temblores, estomatitis, irritabilidad, depresión, insomnio, dolor de cabeza, fatiga, pérdida de memoria etc. Por eso también se le llamó “enfermedad del sombrerero loco”.
 





 

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