No todo es negociable

Hace un tiempo un paciente me sorprendió con una frase que me gustó mucho: “Eso no es negociable”.

Estábamos hablando de posibles conductas y de si se comportaría de una forma o de otra en una determinada situación importante para él.

La frase me encantó porque captaba lo que realmente estábamos tratando: las concesiones que hacía a su mente, cómo cedía ante sus solicitudes: ante las tentaciones.

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Las tentaciones

Hay determinadas reglas personales que no queremos romper, determinados valores que son tan importantes para nosotros que los consideramos como básicos, como fundamentales de nuestra personalidad, de quiénes somos; esos valores son inquebrantables, no los negociamos, ni con otras personas ni con nuestra mente.

Según la persona, estos valores pueden ser unos u otros: ser una pareja sincera, un amigo leal, una trabajadora implicada, etc. Cada persona valora cada uno en diferente grado, y eso es lo que constituye su yo ideal, cómo le gustaría ser en los diferentes ámbitos clave de su vida:

Con la pareja, con los amigos, en el trabajo, con su familia, como madre o padre, en sus momentos de ocio,…

Sin embargo, a veces rompemos con alguno de estos valores.

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Todos seguimos nuestras propias reglas, a veces conscientes a veces inconscientes.

Es posible que se renuncie a uno a favor de otro (por ejemplo, renunciar a la sinceridad por no dañar a alguien que nos importa); pero también es probable que la renuncia al valor sea a consecuencia de tomarnos en serio una herramienta que sólo produce pensamientos: nuestra mente.

Si sabes lo que quieres y lo que es útil para conseguirlo, no negocies con tu mente.

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Cuidado con negociar con tu mente.

No hagas caso a los pensamientos de pereza (la famosa procrastinación); no tomes en serio esos pensamientos que sabes que te limitan y que estrechan tu espacio de vida (o zona de confort); no le concedas el beneficio de la duda cuando te pregunte si de verdad crees que debes hacerlo.

Una persona insegura no es sino una persona que presta más atención a las frecuentes dudas que le plantea su mente que a lo que puede hacer para obtener aquello que realmente le importa.

Nuestra mente nos puede hacer dudar, nos tienta, y nos puede bloquear.

¿Qué es negociable para ti?

No negocies con lo que realmente quieres. Sólo depende de ti: de tus actos.

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