Los mitos de la Depresión

Según la Terapia de Aceptación y Compromiso la depresión no es un accidente de la naturaleza, es un conjunto de experiencias que nos indican que hay algún desequilibrio en el estilo de vida de quien la padece.

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La depresión es, por tanto, una consecuencia de nuestros actos; de este modo, su aparición nos indica que es el momento apropiado para cambiar pautas de comportamiento y de esta forma no sólo salir de la depresión, sino poder vivir de una forma más plena y significativa.

Visto de este modo es más una oportunidad que una enfermedad.

Sin embargo actualmente, debido a la elevada presencia de la depresión en los medios de comunicación, han surgido creencias probablemente no muy acertadas alrededor de ella, que se resumen en los siguientes seis mitos:

 

La depresión es algo anormal.

Si consideramos que lo normal es lo habitual, tener una depresión no es tan raro. Hay estudios que indican que aproximadamente una de cada 4 personas pasará al menos por una depresión a lo largo de su vida.

La depresión es una respuesta inevitable al estrés.

Hay estudios que indican que un 25% de los casos de depresión clínica son debidos a alguna forma de pérdida o revés en la vida. Esto sugiere que la depresión se relaciona a menudo con los sucesos estresantes.

Sin embargo hay personas que a pesar de sufrir reveses no llegan a caer en una depresión, lo cual probablemente tenga mucho que ver con las formas aprendidas de afrontar el estrés.

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El que un suceso estresante sea el detonante de una depresión depende de la forma en que lo gestionemos.

La depresión consiste en experimentar intensamente tristeza.

En la depresión se experimenta algo más que tristeza; también es muy común el aletargamiento, la apatía y el aislamiento. Estas últimas reacciones habitualmente funcionan como medios para no enfrentarse a determinados sentimientos.

El aletargamiento y la apatía también son caracaterísticos de la depresión.

El aletargamiento y la apatía también son caracaterísticos de la depresión.

La tristeza forma parte de la condición humana, al igual que otras emociones. Hay muchos sucesos en la vida que pueden provocar tristeza, sin embargo, en la depresión, la tristeza, el enfado y las ganas de llorar parecen surgir fuera de contexto, sin una justificación. Esto es lo que ocurre cuando se evitan las emociones en el momento en que surgen.

Si no se procesan las situaciones que producen tristeza, es como si ésta quedara “descolocada”, y sin un lugar ni un momento en el que expresarse, queda latente para ser descargada en cualquier momento, por insignificante que pueda parecer el motivo. Así muchas personas con ánimo depresivo dicen que lloran por cualquier razón y en momentos en los que anteriormente no solían hacerlo.

La depresión es una enfermedad biológica.

Esta concepción ha sido extendida por la industria farmacéutica y profesionales y especialistas médicos.

Sin ánimo de profundizar en los motivos para ello, sólo quiero añadir que los mecanismos cerebrales de generación y “cura” de la depresión aún están lejos de estar completamente explicados.

La química cerebral y la conducta interactúan en ambas direcciones.

La química cerebral y la conducta interactúan en ambas direcciones.

Es lícito pensar que cuando empiezas a pensar, sentir y comportarte de un modo que acaba en depresión, la química del cerebro cambia.

El modelo biopsicosocial, que establece múltiples factores que interactúan para dar lugar a la depresión, quizás sea el más cercano a la realidad, y en él, la biología es sólo uno de los muchos factores a considerar.

La medicación es el mejor tratamiento para la depresión.

Se ha demostrado en diferentes estudios que el tratamiento cognitivo conductual es tan útil o más como la medicación para resolver los síntomas depresivos a corto plazo. ¿Pero y a largo plazo?

La medicación, al contrario que la terapia, no va a cambiar las pautas de conducta que han conducido a una persona a la depresión, lo cual tiene muchas probabilidades de dar lugar a que la depresión vuelva a parecer al cabo del tiempo.

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La medicación no cambia por sí sola las pautas de conducta que han provocado la depresión.

El tomar o no medicación debería ser una decisión del paciente, que paralelamente podría beneficiarse del tratamiento psicológico que le permitirá evitar las recaídas, sin embargo, es importante tener en cuenta, que la depresión trae el mensaje de que hay algo en la vida de la persona que la sufre que no está equilibrado. Hay conductas que han conducido a esa persona a la depresión, y la medicación, es capaz de enmascarar este desequilibrio al menos durante un tiempo.

La medicación para dormir y para recuperar energías puede ser útil en aquellos casos en los que la persona sabe qué conductas son las que alimentan en círculo vicioso en el que está inmersa, pues finalmente, los cambios necesarios en la vida de una persona no los va a hacer la medicación.

La depresión es algo que se tiene.

¿Como el que tiene un catarro? Esto despejaría cualquier tipo de responsabilidad, pero también muchos tipos de solución.

Si la persona depresiva está enferma, entonces es lógico que espere pasivamente a que se le pase la depresión, como se pasa una gripe, tomando la medicación adecuada. De ahí el aislamiento y apatía de muchas personas con depresión.

¿Es la depresión una enfermedad como la gripe?

¿Es la depresión una enfermedad como la gripe?

Sin embargo, la evitación, el retiro y el aislamiento no harán sino hacer crecer la depresión.

No es cuestión de culparse sino de responsabilizarse como paso previo al cambio

La persona con depresión ha empezado a alimentarla con sus actos antes de que aprezcan los síntomas. No es que la persona haya buscado a propósito la depresión, pero sí que ha actuado de tal forma que ha desembocado en este estado.

Cuando una persona evita sistemáticamente tanto las emociones negativas como las situaciones que las causan puede acabar con una depresión

Sin embargo esta relación causa-efecto es una buena noticia, pues significa que la salida es posible, y la solución está en hacer los cambios apropiados de conducta; básicamente, en dejar de evitar las emociones y las situaciones que son importantes en la vida de la persona.

Sí hay salida.

Sí hay salida.

2 Comentarios

  • Jaqueline 03 Feb 2016 Replica

    Me parece un artículo interesante y duro a la vez. Es la primera vez (la segunda, la primera fue en tu consulta) que me siento responsable de mi depresión. Hasta ahora achacaba la culpa a los acontecimientos externos. Pensaba que mi situación era culpa de los demás. Sin embargo, es totalmente razonable pensar que con nuestra actitud, al igual que en cualquier otra circunstancia, alimentamos la apatía y la tristeza. Lo que no había considerado es que reprimir, por poner un ejemplo, las lágrimas en una situación que las pueda provocar me haría “acumularlas” para salir, posteriormente, en otra situación que quizá no esté relacionada. El mindfulness supongo, vivir y sentir el presente.
    Como siempre, muy interesante.

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